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sábado, 18 de febrero de 2017

cachete con cachete / pechito con pechito




«si me doran el palmito es feedback, si me critican es un ataque a la libertad de expresión».
—un artista con hambre


«quiero hacer cositas polémicas, pero sin que nadie me salga a protestar».
—the artist as a young man

miércoles, 2 de marzo de 2016

white blue white thrash


ayer oí a alguien decir que Kind of Blue de Davis era un disco de difícil escucha. no se trataba de una queja, sino de la declaración de un seguidor de la música de Davis y el jazz en general. es cierto que se trata de un disco cuya complejidad técnica ha sido ya en numerosas ocasiones puesta de manifiesto por la gente que entiende, tratándose ya de una cuestión canónica, pero eso me trajo a la cabeza esa confusión que hay entre complejidad técnica y la dificultad de acceso a una obra dada, sea musical o de otra naturaleza. la cuestión es importante, porque a veces se desanima al profano a acercarse a cosas que en realidad no le resultarían necesariamente complicadas. lo cierto es que no hay una correlación entre complejidad técnica y dificultad de escucha, y si a alguien le cuesta Kind of Blue entonces es que le cuesta el jazz, pues no se me ocurre nada mejor para empezar con el jazz que el Kind of Blue (hablo de un abordamiento ahistórico, puramente melómano). si no te entra eso, difícilmente vas a encontrar otra puerta de acceso; otra cosa sería hablar de la dificultad del jazz en general, pero eso es otra cosa y el Kind of Blue tampoco está a la cabeza en esa liga de más reducida dimensión. pero hasta aquí se trata en gran parte de mi opinión personal frente a otra opinión personal, lo que a mí me interesa es recalcar esa inexistencia de una relación entre complejidad técnica y complejidad de acceso y tratar de esclarecer algunas cuestiones objetivas al respecto, pues esa idea tan arraigada es en gran parte culpable de que el común de las personas no se acerque a grandes obras que fueron hechas para ellas (pues fueron hechas para el mundo), cuando no se utiliza como argumento para directamente desanimarlas a ello y continuar conservando ese secreto hermético en manos de unos pocos elegidos. un ejemplo de trabajo musical de reducida complejidad técnica (podemos hablar de pobreza, y para muchos de insulto, incluso) sería cualquier trabajo de Whitehouse, y sin embargo no creo que haya cosas más difíciles de oír que un disco de Whitehouse para quien se acerca por primera vez a una sonoridad X; es decir, que la sonoridad de escasa complejidad técnica (que no conceptual) de Whitehouse o de la música industrial en general resultaría horrible para un profano. no creo que haya nadie incapaz de escuchar All Blues hasta el final, pero hay mucha gente que a los 10 segundos de Edward Paisnel pediría horrorizada e incluso temiendo por su salud auditiva que alguien parase eso. es decir, insisto: no hay correlación entre complejidad técnica y dificultad de [en el caso de la música] escucha. otra cosa es el trabajo crítico que se pueda desarrollar a partir de una obra dada en virtud de su complejidad técnica, y que la misma dé lugar a manuales y manuales y manuales analítico-críticos, pero al que solo pretende disfrutar, esos manuales se la pueden perfectamente traer al pairo; no tienen nada que ver con la dificultad o facilidad de escucha.
si le doy vueltas a esto no es por algo tan pueril como que haya escuchado una opinión con la que no estoy de acuerdo y sienta la necesidad de demostrar o argumentar mi punto de vista en contra a posteriori, sino porque esa idea de lo técnico como inaccesible me parece nociva, alienante, y es esa idea la que hay que difuminar y no la de distinción entre Alta Cultura y Baja Cultura a la que se hacía mención en una de las actualizaciones anteriores [ojo, sin querer decir que no sean unos conceptos o una dicotomía que hay que mantener sujetos a revisión, constantemente a poder ser], para que el público general sepa que Kind of Blue también es suyo y que no tiene que conformarse con Gran Hermano o 50 sombras de Grey. Hay un mundo más allá que no debe darnos miedo, por muchas elucubraciones técnicas y hasta incomprensibles que se lleven a cabo respecto al mismo.
de alguna forma, consigo relacionar estas ideas sobre el Kind of Blue, el jazz o la complejidad con esa actitud que tantas veces nos encontramos del tipo: «Yo no entiendo de poesía», «Yo no entiendo de cine», «Yo no entiendo de música», que suelen acompañar de seguido tantas veces a un «Me ha gustado, pero…». es increíble cómo una sociedad tan exigente, en la que se nos pide continuamente que seamos los mejores en todo, se nos inocula sin embargo la idea de que no tenemos ni puta idea de nada con tanta facilidad. es curioso también que esto solo ocurre cuando hablamos de acercamientos al mundo de la cultura. ¿alguien ha oído a alguien decir «Yo es que no entiendo de política», «Yo es que no entiendo de geoestrategia», «Yo es que no entiendo de historia». eso no lo vamos a oír, porque el poder sabe bien dónde quiere que se encuentren nuestros intereses [y no es que quiera que nos interese la política, pero no me explayaré con esto] y en qué quiere que se vaya el poco tiempo libre que nos queda después de chuparnos la sangre en jornadas de un mínimo de 8 horas.
por supuesto que siempre hay niveles de conocimiento, pero si ves cine como un cabrón y tienes una opinión sobre el cine y sobre lo que te gusta y no te gusta y por qué, entonces entiendes de cine al menos tanto como cualquiera que no esté capacitado para dirigir una película. por supuesto, alguien capaz de dirigir una película, por cuestiones objetivas de naturaleza técnica, tiene que saber más sobre cine que alguien que no cuenta con esos conocimientos técnicos; pero ni siquiera eso le inviste de una mayor capacidad crítica o de un mejor gusto, aunque desde luego añade una dimensión a sus observaciones sobre una obra dada. lo mismo se puede decir, con sus particularidades, de la poesía, la música, etc.
se vio también estos días con los comentarios acá y acullá sobre los candidatos a los Oscar, los galardonados, etc. el mundo pareció dividirse entre quienes «entendían» y quienes «no entendían». la opinión técnico-crítica y la del simple consumidor. insisto, por supuesto que hay niveles de entendimiento y comprensión de una cosa dada, que se concretan básicamente en las herramientas con que se cuenta para su abordamiento [y que no tienen tanto que ver con el hecho de conocer un montón de nombres y datos, como también se asume popularmente, aunque saber nombres y datos pueda ser un indicio de que el tema se controla—pero que muchas veces es solo un indicio de que un montón de nombres y datos se controlan—], ¿pero responden generalmente esas asunciones de «quién es el que entiende» y «quién no» a una serie de razones objetivas reales*?
uno de los grandes problemas de la cultura no es su inaccesibilidad, sino la apariencia de la misma celosamente custodiada por sus guardianes, que el ciudadano de a pie asume, pues le llevan inculcando que así es el orden de las cosas desde, por lo menos, que tiene uso de razón. por eso había que «entender» a Lorca en el instituto y no volar con él. por eso la gente cree que no «entiende» de poesía y la rehúye, cuando no hay nada que sea más de la gente que la poesía. o que la música, ya puestos.

en este pequeño texto he esbozado algunas ideas que podrían irse ellas solas por los cerros de Úbeda, pero la desazón de orden «interno» [en un primer momento escribí aquí «intelectual», pero he preferido no dar lugar a malentendidos] que me llevó a hacer estas elucubraciones llega hasta aquí.

que no nos engañen.
que no nos hagan conformarnos.
que no nos hagan pensar que somos tontos.




*Hablar de razones «objetivas reales» puede parecer una redundancia, pero escojo el término frente a lo que podrían ser razones «objetivas» a secas. por ejemplo, el hecho de que alguien tenga un blog sobre crítica literaria o incluso de que escriba algún artículo sobre literatura en algún periódico local, podría ser visto como una razón objetiva de que esa persona es una autoridad en el tema y hasta se puede tomar por tal. añado, pues, el adjetivo de real, para referirme a una razón objetiva de esa naturaleza que además tenga un reflejo en la realidad, es decir, que se muestre y manifieste más que como argumento autorreferencial.

miércoles, 24 de febrero de 2016

apocalípticos y enterados



segunda tanda de apuntes sobre Eco y los debates resucitados (o recordados o traídos de nuevo a la luz o lo que se prefiera) con motivo de su muerte o, mejor dicho, de las reacciones a la misma; en este caso sobre la cuestión de los «apocalípticos» y los «integrados». lo primero que se puede decir (o que yo puedo decir o que yo quiero decir o lo que se prefiera) es que probablemente sea un debate pertinente, ¿pero no es hoy por hoy un debate engañoso? el discurso apocalíptico es o puede ser conservador («todo era mejor antes», «todo se va a la mierda irremediablemente porque la raza degenera irremediablemente», etc.), pero el discurso integrado/integrador corre el peligro de abrazar demasiado alegremente los pilares de la modernidad (o posmodernidad o mundo líquido o posfordismo o lo que se prefiera) y caer en el acriticismo [iba a escribir «en el más pueril acriticismo», pero no hay nada más pueril que el acriticismo y, por lo tanto, habría sido redundante]. en fin, ¿por qué no se puede ser un «apocalíptico integrador»?¿no se puede sostener que vamos de culo, pero que no forma parte de ningún destino histórico esencial, sino que es un hecho que se puede constatar y explicar perfectamente desde las ciencias sociales y en particular en el contexto de la crisis del capitalismo, y al mismo tiempo reconocer el valor de la novedad y sacar de la misma el provecho que pueda ser posible? de nuevo, Jameson puede dar algunas pistas sobre esto [y, también de nuevo, no pretendo poner en su boca o en su pluma o en la pantalla de su ordenador o lo que se prefiera, palabras que están en las mías]. Es curioso que la muerte de Eco me pille releyendo e indagando en su obra [la de Jameson]. Jung se correría de gusto [pero no nos importa].

martes, 18 de agosto de 2015

al suroeste de Magdeburgo

emprendo ufano la lectura de un autor del que me había prometido ir, poco a poco, merendándome una serie de obras, porque le dan mucha coba y porque ya leí por ahí algún artículo suyo que me pareció enjundioso. me encuentro con esta primera página y pienso, ¿de verdad esto pasó por varias manos en una editorial como Random House y nadie dijo nada?
en principio, las imperfecciones ortotipográficas marcadas no son estrictamente errores (con excepción del «principal [...] principalmente», que tiene tela), pero denotan descuido en el estilo y, por lo menos a mí, incomodan la lectura. cuando el primer párrafo de un libro que se comienza con promesas bajo el brazo es así, entran ganas de cerrarlo y no miralo más. no lo entiendo, la verdad.


martes, 30 de septiembre de 2014

Surfin' USA

«¿Cómo llegar al conocimiento de lo inconsciente? Solo lo conocemos como consciente; esto es, después que ha experimentado una transformación o traducción a lo consciente. La labor del psicoanálisis nos muestra cotidianamente la posibilidad de tal traducción».
 Sigmund FREUD, Lo inconsciente.

jueves, 13 de marzo de 2014

p/OE & Co.



Poe and Hawthorne, two of the most prominent writers on the field of Fantasy, have more points in common than only the fact that the first wrote about the second with contained admiration, reviewing the work of his colleague and pointing at its quality and importance.

We can see both of them as Dark Romantics influenced by the Transcendentalist movement of their times. We find in the contents of their stories an emphasis in psychological issues, reflections on evilness, destiny, personal trauma, exploration of the unknown, and a deep questioning about the sense of things/life.

However, we see a few differences too, definitive and significant. Probably, most of them comes from the fact that Hawthorne is more influenced by religion/Puritanism; while the ideas behind Poe’s work, even if he is equally influenced by the main ideas/spirituality of his times, have perhaps a more Universal philosophical background.

Using the omniscient narration in his main works (I am thinking of The Scarlet Letter, actually), Hawthorne manages to gives a guide of what he is trying to say from a moral perspective, he judges characters and clears certain situations up. Poe by his part uses more the first-person point of view, to put us inside the characters and so to emphasise the individual emotions they experiment. Subjectivity and ambiguity have the leading role, obtaining as a result more subtle and disturbing stories.

It is ironic how departing from a pretended Universal point of view, Hawthorne offers a narration given from a very specific point of view (Puritanism), while departing from a certain subjectivism, Poe managed to communicate universal emotions. Probably that is the reason why, even being Hawthorne a much respected writer, today Poe has more fame and respect. We could say that from today's perspective, Hawthorne was one of the biggest American Dark Romantic writers of his time, while Poe was the biggest.

jueves, 27 de febrero de 2014

Drácula no es...



¿qué es entonces, Drácula? Drácula es una historia de no-madres que devoran quizás niños, es una metáfora de la eterna lucha del bien y del mal o de la eterna e imposible lucha del hombre contra la muerte, Drácula es la muerte, con sus limitaciones y sus poderes sobrenaturales, Drácula es una oración a San Jorge que se repite en su día desde lo más profundo de Inglaterra, es una historia de amor, claro, amor condenado, amor con sufrimiento, como tiene que ser el amor con mayúsculas desde que el cristianismo decidió sobre nuestro modo de amar y en él se impuso, es la historia de un cornudo demasiado pusilánime para salir bien parado de un duelo entre caballeros, es la terrible asociación de lo erótico y el mal, los principios de Sade aceptados como fórmula pero rechazados como forma de vida, es el principio y el fin de la novela gótica y de la leyenda de los vampiros y de las formas de vida victorianas y un hervidero para películas futuras que serán realizadas con mayor y menor fortuna, obras de arte que existen gracias a obras de arte, una mota de polvo en la inmensidad del universo impreso.

viernes, 27 de diciembre de 2013

Pragmatism, Cosmopoliticism and the Post-modern.



Anthony Appiah has a very simple to understand but at the same time well-founded sense of cultural plurality and tolerance, resumed in the word Cosmopolitanism, a word that has a specific meaning in philology or in the daily use of words/ language, and of which Appiah appropriate to give it another specific meaning in his own terms, related with the usual meaning but with a note of social and philosophical complexity.

To build his notion of Cosmopolitanism, Appiah departs from post-modern pragmatism, to ask the public and himself how could we invest the sense of citizenship with an actual meaning in the globalized World of our days (and the question itself reveals a sense of pragmatism, since he is not asking about the truth behind the concept of citizenship or its foundations, but about what we can do with a tool —citizenship— like this). We have the task of seeing ourselves like citizens not only within the societies in which we take directly part (our neighbourhood, our country, even our continent), but within the whole World, since almost virtually every country and every culture in the World is interacting in any way with the others (well, we may exclude some populations on the Amazonia, for example, but actually the are the exception to the rule). We cannot simply reject or violently react against such cultural different, since there is something which we have to deal with everyday, we like it or not, and active confrontation only can take us to chaos.

The answer for Appiah is a sort of cultural relativism: we have to say to ourselves that our culture/religion/education is not necessarily the best possible or, in platonic terms, the truth. Our cultural background is not the measure for all things. 1) If everybody thought the same it only could drive to perpetual confrontation and 2) It is not necessary that everybody be the same for the World to work right (again: pragmatism).

Appiah says: “Cosmopolitans think human variety matters because people are entitled to the options they need to shape their lives in partnership with others.” [1]

Cosmopolitanism is tolerance but not free tolerance, but a tolerance founded on rationalism and pragmatism. Cosmopolitan respect the acts of the cultural other, but not necessarily celebrates it, so Cosmopolitanism as defined by Appiah shouldn't be taken as total cultural relativism or multiculturalism (to think everything is equal good or right). The tolerance of the Cosmopolitan is an acceptation of the other, not necessarily an approbation or the though that the other is intrinsically good. It is, again, pure pragmatism (and a Cartesian attitude regarding to the validity of our own culture).

You could agree or not with Appiah, but we should admit that at least his philosophy is not difficult to understand at all, and that's so much in an epoch of philosophers without clear systems...

Rorty says: “Rationality is a product of participation in a community; rational behaviour is just adaptative behaviour, in similar circumstances of the other members of some relevant community. Irrationality in both physics and ethics is a matter of behaviour that leads one to abandon or be stripped of membership in some such community.” [2]

Well, parts like “rational behaviour is just adaptative” put Rorty as a clear precedent of the propositions by Appiah, especially with the introduction of the concept of post-modern pragmatism and its social concerns. Rorty introduces relativism against truth, but not a sort of relativism that makes everything the same good or valid, but the relativism that leads to the predominance of the useful against the truth. Epistemology is no more on the foreground, but social utility.

I actually do not know what Rorty would think about Appiah conclusions or statements, but anyway I am pretty sure that such thinking (Appiah's) is directly implied or deduced from the philosophical proposals by Rorty when facing multicultural interaction in the World of today.

On the other hand, Appiah is against cultural etiquettes, following him, the same culture can be pluralistic at the same time that maintaining its roots. That is actually the History of the cultural evolution of the human being. A closed or limited vision of a culture is against Cosmopolitanism in the terms by him defined.

In that sense, we could mention Judith Butler, since such conception by Appiah is very similar to what Butler proposes for gender. Butler is nor necessarily a pragmatist neither a relativist (at least not the Rorty style) but we can see in her way to conceive gender and gender within society close similarities to the conception of cultural and cultural plurality by Appiah. Cultural etiquettes, that in fact are against cultural plurality and evolution, are equivalent to the gender/ sexual etiquettes that act as social constraints for a natural sexual development in the analyses by Butler, since gender/sex is to Butler organic and developing, the same as culture for Appiah. If gender is the result of improvisation in a scene of constraint (Butler words), then we could see such improvisation as the equivalent to gender for Cosmopolitanism as defined to Appiah regarding the different cultures of the World.

Works cited:
  1. Appiah, Anthony “Cosmopolitan Contamination” from Cosmopolitanism: Ethics in a World of Strangers. 2006.
  2. Rorty, Richard. “Postmodern Bourgeois Liberalism”. The Journal of Philosophy
    Vol. 80, No. 10, Part 1: Eightieth Annual Meeting of the American Philosophical Association, Eastern Division.
    1983
See also: Butler, Judith.  “Undoing Gender”.  2004.

jueves, 19 de septiembre de 2013

del esto y del aquello

In Freud, art is not the only palliative measure, yet the most important one. The Freudian theory of aesthetics departs from the unconscious, and it is a theory of repression and the return of repressed (through art). Art confronts reality; in more poetic terms, we could say that artists express the social subconscious, the true social-self to confront it against social neurosis that culture creates in its fight against nature. That is actually the reason why artists are so often rejected by society, a repressed and neurotic society who reacts against a form of negation of its culture. That would be a good resume. Of course, there is mucho more in the Freudian theory of aesthetics (the way artists are even more exposed to neurosis due to social rejection, etc.) but such is enough to go where we are intending.

So, what about Baudelaire? Baudelaire died when Freud was only a child. He was, perhaps, the first poet and thinker that took conscience of the fact that art (poetry/ beauty) was condemned by the same society that asked for it and was supposed to enjoy it. Baudelaire created the figure of the Dandy and Dandyism as a way for the true poet/artist/beauty lover to escape from society taking part of it at the same time. A man how know himself to be out of society (above it) but irremissibly condemned to live within society.

It is risky to say Baudelaire was a major influence for Freud, but that is for sure that we can read some paragraphs by Baudelaire which could be referred as pre-freudian, in the way the place of an individual in the world and perception and figuring out are seen. To put it simple: Baudelaire, like Freud did later, pointed out the alienation of the self within society and the fight of such self against said society and inner self constrictions created by culture as social construction. We could consider every thinker before Baudelaire as acritic regarding that point. Besides, the natural world is for Baudelaire an ensemble of symbols we have to decipher, giving them an specific meaning. If we erase the name of Baudelaire from the previous sentence we easily could think that we are talking about Freud instead.

All that is in Baudelaire's aesthetics (and that's for sure that aesthetics are the centre of Baudelaire thought) and we could take it as a rough draft of what Freud would say (about aesthetics but about society too; again, everything is connected with everything in Freudian thinking) decades later.

We can see the main difference in the attitude. Baudelaire rejects society but, at the same time, make the assumption that individual is condemned within its insurmountable boundaries. He proposes Dandyism as an attitude against social constrictions but Dandy is still condemned, and that's for him the end of the story. Regarding Freud, perhaps because we are talking of a scientific and not of an artist as Baudelaire was (and so, his theories are less involved in that Dionysian attitude in which Baudelaire's were) was keener to find a solution for alienation, neurosis or the way we wish to call it. Where Baudelaire proposed Dandyism (a way to present oneself before society, taking part of it but fighting against it at the same time, enjoying arts and beauty at a greater level but anyway condemned to boredom and misunderstanding) Freud proposed Psychoanalysis. Freud opens the possibility for the individual to get sane, to be happy through the treatment of neurosis. In that sense, arts in Freud are small and momentary doors to sanity, a sanity that is always a possibility. Such a possibility is denied by Baudelaire.

sábado, 6 de abril de 2013

LANGUAGES AND MANNERS

"There is room for a very interesting work, which should lay open the connexion between the languages and manners of nations"

- Edward Gibbon; The History of the Decline and Fall of the Roman Empire: Abridged Edition, nota 36, CHAP. I de la edición de Penguin Books.

domingo, 10 de febrero de 2013

me va la vida

no seáis cazurros, no hay ningún puto nuevo orden mundial, solo la misma puta mierda de siempre tratando de jugárnosla una vez más. y siempre juega con ventaja.

sábado, 24 de noviembre de 2012

Ferdinand-ea

¿Sabías que en el mundo real, el mismo en el que tú y yo bebemos, reímos y nos hacemos pajas, hay islas que aparecen y desaparecen como si se tratase de una novela de Ciencia Ficción? Ferdinandea ha recibido muchos nombres: Graham, Julia, Corrao, Hotham, Nera, Sciaca, y si tú hubieras estado en el lugar y el momento correctos seguramente podrías haberle puesto también un nombre que te pareciera bonito. Ferdinandea aperció un buen día y un buen día desapareció. ¿Cómo es esto posible? Bien, resulta que unos 30 kilómetros más o menos al suroeste de Sicilia se sitúa el volcán submarino Empedocles. Pues bien, hacia 1831, debido a las erupciones volcánicas, el Empedocles asomó el hocico 65 kilómetros sobre el nivel del mar, siendo este hocico la dichosa Ferdinandea. Era el s.XIX y ya se sabe, por entonces el poder no lo medía la posesión de petróleo, sino de tierras, creo yo que independientemente de su utilidad real, así que enseguida los ingleses, franceses, el rey de las dos sicilias e incluso una ya por entonces ridiculizada en sus pretensiones de continuar siendo un fuerte Imperio España, reivindicaron el terreno de la isla como propio. Tal hecho, además de suponer un ridículo despropósito devino en tensiones diplomáticas que pudieron haber sido incluso graves. Sin embargo una vez que el volcán se calmó Ferdinandea volvió a sumergirse, dejando a unos y otros líderes de las naciones con (más) cara de tontos. Fin. Ende. End. Finito.
Al parecer en los últimos años Ferdinandea está volviendo a emerger ligeramente, y actualmente se encuentra a tan solo unos 6 metros de la superficie, frente a los 8 metros de 1999. A lo mejor tenemos otro guirigay diplomático si Ferdinandea decide salir a tomar el aire. Nosotros tenemos experiencias como la de Perejil, glorioso episodio de la Historia Nacional. Dicen ahora algunos fachillas de medio pelo que fue en agradecimiento al apoyo prestado por Estados Unidos en este asunto que más tarde Aznar no tuvo más remedio que participar en la Guerra de Irak, devolviendo favor por favor. Así que quién sabe, a lo mejor cuando Ferdinandea emerja, arreglamos las discordancias en una tarde, pero luego para agradecerlo tenemos que hacer la III Guerra Mundial.

martes, 27 de marzo de 2012

Ô estaciones Ô castillos


Si es verdad que existen cosas subjetivas fuera del mundo sensible, las bromas sin ninguna duda estarían situadas dentro de esta categoría. Por mucha entidad propia que una broma pueda tener, siempre viene configurada por el estracto cultural/psicológico de cada uno de sus receptores; tanto es así que incluso a algunos el humor blanco nos parece inapropiado y de mal gusto en cualquier ocasión. Por otra parte, sea cual sea la naturaleza de la broma, siempre hay una persona que la encuentra, al menos inicialmente, una acertada ocurrencia, una fuente de regocijo para el ser humano; a saber: su autor. Solo ante la reprobación pública se echará este atrás y llegará a admitir que, en realidad, la broma de que se tratara no era tanto una feliz agudeza como una simple y llana perogrullada. Hay que advertir que, en estos casos, el bromista es una desafortunada víctima de la presión social y que de lo que se está arrepintiendo, en el fondo, no es tanto de haber sido grosero como de tener que sufrir las iras y vitupendios que su descaro parece haber despertado. El animal social que todos somos y, sin ninguna duda, necesitamos ser, juega en este caso en contra del bienestar del sujeto. Es el mismo mecanismo que llevó al pusilánime Huysmans a renegar de su ocultista y por-mucho-que-todo-el-mundo-no-se-canse-de-repetirlo-nada-satánica novela La Bas, sufriendo un ataque de misticismo que le acompañaría hasta el final de sus días y que le ayudaría a parir un cierto número de tostones que desvalorizan su obra. Personalmente, siempre he encontrado que aquellas personas que son capaces de bromear por puro regocijo personal y disfrutar de ellos sin miramientos, sin importarles las reacciones ajenas o incluso el hecho de que sus interlocutores puedan ni tan siquiera estar advirtiendo que todo se trata de una broma, están investidas de una excelencia exquisita. Todo esto se me ocurre, a bote pronto, como inmediata reflexión sobre la historia de Léo Taxil, la cual, por cierto, no deja de guardar cierta relación con los devaneos ocultistas de poca monta del susodicho Huysmans.
Para lo que viene al caso, poco nos importa la biografía de Léo Taxil, pudiéndonos remontar directamente al momento en que, a finales del siglo XIX, comienza a dar vida a una serie de libelos y publicaciones anti-clericales, que son difundidos por toda Francia y que causan gran escándalo entre los sectores simpatizantes de la Santa Iglesia, que ya en esa época, como hoy día, no eran tantos pero sí eran aún muchos. Además de abrir la caja de los truenos que albergan los salones del Vaticano, esa que se pasa casi todo el tiempo abierta, su decidida y valiente militancia anti-clerical le hizo popular en París como periodista librepensador, lo que finalmente le llevó a ser admitido en la masonería, con reservas por parte de muchos de sus miembros. No duró mucho y a los pocos meses fue expulsado, y es aquí donde verdaderamente arranca nuestra historia, la historia de la broma de Taxil.
El Bafomet de la Nueva Era. Si no te mola Eliphas Levi no te enfades.
En 1885, dando un giro de 180º a su propuesta, Léo Taxil se convierte al catolicismo, expresando además el error de base que supondría el librepensamiento y arrepintiéndose en general de los errores anteriormente perpetrados, no solo en cuanto a los escritos y publicaciones sino, en definitiva, en cuanto a toda su actividad intelectual. Inmediatamente comienza a publicar una serie de libros cuya finalidad sería desenmascarar a la masonería que, lejos de conformar un grupo de humanistas e intelectuales que trabajan en pos del progreso de la humanidad, como normalmente se describen a sí mismos, vendrían a ser un grupo de adoradores del mal –ese señor con cuernos de macho cabrío que insiste en que nos masturbemos– y sus colaboradores más activos en el mundo terreno. La cosa sería así: en la base de la masonería se situaría una orden enmascarada, Palladium, que llevaría a cabo ritos luciferinos y tendría contacto físico con el mismo Satanás. El fundador de dicha orden sería Albert Pike, importante miembro de la masonería y contemporáneo de Taxil. El librepensador renegado se dedicó a difundir, en distintos escritos, la idea de que este grupo, Palladium, participaba activamente en la guerra en la tierra entre el reino de los cielos y el reino de Satanás, inspirándose en un esquema de cuño platónico ideado y popularizado por el Papa León XIII. Además difundió la obra El diablo en el siglo XIX, firmada por un tal doctor Bataille, quien habría conocido de primera mano la orden y sus infames prácticas, habiéndose infiltrado en las filas de Palladium con esa sola intención. En sus escritos el doctor Bataille ponía en evidencia a personajes de la masonería como Pike y desvelaba las intenciones de la orden secreta de acelerar la venida del Anticristo. Además, narra la historia de Diana Vaughan, una muchacha con ciertas habilidades mágicas a la que se pretendía convertir en suma sacerdotisa y figura central de Palladium y que, contrariamente a los deseos de sus miembros, acabaría huyendo de ellos y convirtiéndose al catolicismo tras una epifanía experimentada ante una imagen de Juana de Arco. Más tarde, Taxil difundió una obra firmada por la propia Vaughan, Memorias de una expaladista, donde ella misma narra sus desventuras satánicas y posterior conversión. Los escritos de Bataille, Vaughan y el mismo Taxil no carecen de valor mitológico y simbólico, gozan de una resuelta belleza literaria mística y presurrealista, tan característica de la época del decadentismo, con alusiones a la participación en los ritos de Palladium de demonios que escriben profecías sobre su espalda con su propio rabo o de gigantescos cocodrilos que tocan el piano para animar las ceremonias. El personaje central de todos estos ritos luciferinos sería Bafomet, el mismo de cuya adoración fueran acusados los caballeros templarios. Sin embargo ya no se trataría de aquel mismo Bafomet de los templarios, la criatura de tres rostros que guardaba similitud con ciertos demonios mahometanos, pero también con ciertas deidades de origen celta, sino el macho cabrío que descansa sobre el pentagrama, el Bafomet concebido no mucho antes por Eliphas Levi, personaje de notable influencia en todo el esoterismo conformado a lo largo del siglo XX, desde la Orden Hermética del Alba Dorada hasta el psicodélico Alistair Crowley y por lo tanto en todo lo que tenga importancia que haya venido después. Resulta simpático, por cierto, leer cómo ciertos estudiosos del esoterismo se muestran sinceramente irritados ante la tergiversación de la iconología llevada a cabo por Levi.
El bueno de Albert Pike lo flipó durante 12 años.
Sobra decir que en el Vaticano se entusiasmaron con la conversión y con la aportación de Léo Taxil, que se transformó de la noche a la mañana en una respetada eminencia intelectual del catolicismo, cuyos cabecillas tenían un íntimo interés en dar credibilidad a cualquier difamación que se vertiera sobre los masones y en participar en su difusión activamente. El propio León XIII le dio audiencia, repudiando a aquellos de entre el seno de la Iglesia que trataron de enmendar el error y defender el buen nombre de Albert Pike. La señorita Vaughan pasó engrosar el imaginario católico, como inocente heroína que había escapado con tenacidad de las garras de Lucifer. Aquellos dentro de la Iglesia que presumían de conocerla –fueron muchos los que lo afirmaron– la describían como a una muchacha pura y encantadora. Esta historia se prolongó durante más de diez años, hasta que, en 1897, Taxil reunió en la Sociedad Geográfica de París a un nutrido número de miembros de la masonería, clérigos y periodistas, con la intención de dar a conocer al público a la aclamada Diana Vaughan. No fue esto lo que ocurrió. Taxil aprovechó esta conferencia para confesar que todo había sido nada más y nada menos que una broma, dando las gracias al estamento clerical por su determinada y estrecha colaboración. Explicó además, que Bataille era una invención y sus escritos los había elaborado él mismo. El caso de Vaughan era diferente, pues Diana Vaughan era una persona real que trabajaba como mecanógrafa para él mismo y que, encontrando divertida la broma, se había prestado a permitir la utilización su nombre para firmar lo que en realidad también había sido escrito por el propio Taxil. Sobra decir que la policía tuvo que intervenir y sacarlo de allí para que su público simplemente no lo linchara.
León XIII; primero se partía la polla. Luego ya no tanto.
Aunque muchos antólogos interpretan y presentan esta historia como una venganza personal de Taxil contra los masones, es la Iglesia Católica la que se quedó en bragas. Si bien es cierto que probablemente Léo Taxil consiguiera poner de mal humor a una buena parte de la masonería durante unos años, si la intención del bromista hubiera sido la simple difamación jamás habría desvelado sus ardides. Una vez que todo quedó aclarado solo había una verdadera víctima de todo el asunto –víctima principalmente de su precipitada voluntad para hacer de verdugo– y es difícil creer que Taxil no hubiera previsto este hecho. Sin embargo, es curioso cómo la relación masonería-satanismo ha llegado viva hasta hoy, siendo aún recogida por autores de renombre –que no de calidad– como cosa seria y en cambio la broma de Taxil y la actitud palurda de la Iglesia no parecen formar parte activa del imaginario popular. Es todo coincidencia, claro.
Léo Taxil tuvo que huir de París. Su historia no carece de mérito. Había dedicado doce años de su vida adulta, lo que no es moco de pavo, a mantener una broma gracias a la cual y en el más total de los secretos pudo reírse de todo el mundo y para empezar y principalmente de aquellos que más en serio le tomaban. Murió en 1907 en Sceaux, digo yo que con una sonrisa en el rostro.




Para terminar, dejo aquí un enlace a una edición española de 1887 de su libro Confesiones de un exlibrepensador. Leer el prólogo, escrito por un tal Angel Z. De Cancio es suficiente para dar cuenta de lo ardientemente que la intelectualidad beata se tragó broma y de paso para echarse unas risas: